jueves, 25 de julio de 2013

Cap 2. ¿Crees en la magia?

~ En algún lugar de Inglaterra ~
‒ ¿A las 17h nos vemos? ‒preguntó Celia a Darío.
Esa misma mañana a su amigo se le ocurrió la idea de acompañarla hasta su instituto, ya que le venía de camino al suyo.
‒ Sí, en la pista de skate.
Aún no le había comentado nada a nadie sobre el pequeño diálogo que tuvo con aquel desconocido cuando intento hablar con April “¿Estará bien?'' Se preguntaba a si mismo.
‒ Y entonces le solté a mi madre que estaba embarazada ‒dijo Celia para ver si su amigo estaba atento. 
‒ ¿¡Qué!?‒exclamó este, mirándola con los ojos bien abiertos. 
‒ ¿Me cuentas lo que te pasa o qué? ‒arqueó las cejas, preocupada ‒ Has estado distraído todo el trayecto. 
‒ Sí, luego te lo contaré ‒le dio dos besos a su amiga y se fue corriendo hacia su colegio.
~ En algún lugar del mundo ~

Ya había pasado un día desde que April conoció a aquel guitarrista, desde el primer momento se sintió atraída por su voz. Tanto le llego a cautivar, que esa misma noche soñó con él. Esa misma mañana, se despertó más temprano de lo normal. Busco su móvil pero no lo encontró ''estará abajo'' pensó. Bajó a la cocina y se dedicó a buscarlo pero no lo encontró.
‒ Mamá, ¿me dejas tu móvil para llamarme? 
‒ No me digas que has perdido tu móvil, ¡eres un desastre! 
‒ Gracias mamá, ¿ahora me dejas tu móvil? 
‒ No, tú sabrás donde te lo has dejado. Si no fueras tan desordenada sabrías donde dejas las cosas. 
‒ Mamá, yo solo vivo al pie de la letra el lema Hakuna Matata, deberías hacerlo tu también, eh. 
‒ ¡Oh, genial, genial! 
‒ ¡Yo no tengo la culpa de ser tan despreocupada! Ya deberías conocerme, mamá. 
‒ Oh, vaya ¿y ahora qué? eh, te quedas sin móvil y ya esta, porque no pienso comprar otro, que lo sepas. 
‒ Pues ahora... ‒nada más abrir April la boca llamaron al timbre. 
‒ ¡Anaís! Abre tú, por favor ¿ahora qué? eh ‒le preguntó la madre.
Anaís, la hermana pequeña, se encontraba en aquel momento tumbado en el sofá mirando la televisión, nada más escuchar a su madre le obedeció y abrió la puerta. Al abrir, se encontró a un chico alto, rubio, con las gafas de sol puestas aunque nada más ver a la pequeña se las quito mostrando su hermosa mirada azulada.
‒ Hola pequeña, ¿vive aquí April? ‒preguntó el desconocido, agachándose a la altura de la niña. 
‒ ¿Y tú quien eres? ‒le preguntó directamente la princesa de papá. 
‒ Pues, me llamo Niall y soy un amigo de tu hermanita ‒contestó Niall. De fondo, se escuchaban los gritos de la madre, algo que le hizo soltar una carcajada a Niall ‒ Veo que tu hermana se ha metido en algún lió. 
‒ Sí, como siempre, ¿te cuento un secreto de mi hermana? ‒ladeó su pequeña cabeza, con una sonrisa picarona, se acercó al joven y le susurró ‒ Sigue creyendo en Peter Pan ‒reveló Anaís. Niall se puso derecho y posó su mano derecha en su barbilla. 
‒ Vaya, ¿y tú no crees en él? 
‒ No, eso es para niños. No existe la magia ‒sacó ella como burla su lengua, pero a los segundos se arrepintió de su respuesta y miró de un lado a otro, asegurándose de que no había nadie más para escucharla. Tan solo estaba cerca su madre y hermana, pero con los gritos no la escucharían ‒ No sé lo digas a nadie, pero creo que dentro de mi armario se esconde la puerta a Narnia. 
‒ Bueno, ¿te cuento yo un secreto mío? Pero prométeme que no se lo contarás a nadie ‒se volvió a agachar. La niña al oírle afirmó con la cabeza, dando pequeños saltitos sin llegar a moverse del ladrillo ‒ Soy irlandés ‒confesó este. 
‒ ¿Eres un duende? ‒preguntó entusiasmada la jovenzuela, sonriendo de oreja a oreja. 
‒ Bueno, si tú quieres puedo serlo ‒contesto Niall, alzando su dedo menique ‒ Entonces, ¿me prometes que no se lo dirás a nadie? 
‒ ¿Qué haces tú aquí?‒ Preguntó April desde la cocina, mirando asombrada al chico de la otra vez hablando junto a su hermana. 
‒ ¿Qué dices? A mi ahora no me... ¡APRIL! ‒grito su madre al ver que su hija salía de la cocina y la siguió ‒ ¡VUELVE AQUÍ AHORA...‒nada más ver al joven junto a sus hijas se puso colorada, se acercó y le invitó a pasar al chico. 
‒ Princesa, Darío te reclama desde mi móvil ‒dijo el cabeza de familia.
April se levantó corriendo, cogió el móvil a su padre y se marcho a un lugar más privado. Hacía 2 días que no mantenía una conversación con el. La familia Owen llevaba ya 5 días y medio en España. Mientras, en el salón se encontraban los padres de April y Niall, estaban hablando sobre como les está yendo su estancia en aquella zona costera española. Anaís, se fue a hacer los deberes, "que no tenga clase no quiere decir que no tengas tareas, pequeña" le solía decir su padre.
‒ ¿Y con quien estas aquí? ‒ preguntó Claudia. 
‒ Pues, estoy con 4 amigos. Hemos preferido venir aquí por la tranquilidad, en Madrid no nos dejarían en paz ‒contestó Niall. 
‒ Oh, yo cuando era joven también me iba de viaje con mis amigos, que tiempos aquellos ‒dijo Roberto con una voz de nostalgia que a Niall le interesó. 
Parecía que detrás de aquella frase: "Que tiempos aquellos" escondiera algo que intrigaba y el joven no dudo en preguntar que le pasó por aquella época para que fuera tan entrañable para el
‒ Oh muchacho, resulta que por aquel entonces yo tenía 19 años, vivía en Londres y un amigo mío tenía furgoneta así que varios amigos más, todo hombres, decidimos irnos a Bournemouth ya que nos dijeron que era una ciudad tranquila y con buenas playas. Cuando llegamos, nos paramos en un pequeño bar y vi a una jovenzuela que me enamoró ‒sonrió Roberto, mirando con dulzor a su mujer. 
‒ Yo por aquel entonces tenía 16 años. Trabaja en el bar donde este hombre y sus amigos descansaron y le tiré el café por encima a un señor que atendía cuando le vi entrar por la puerta... ‒contaba Claudia mientras Niall los escuchaba con atención. 
‒ Y entonces mi madre les ofreció una ruta por la zona ‒interrumpió April, que se posó encima de las piernas de su padre ‒ Se liaron en la playa, iban de fiesta todos juntos, llegó el día que mi padre tuvo que volver a Londres porque no había avisado a nadie de su familia que se iba y no se volvieron a ver hasta que mi madre se fue de fin de curso a la capital inglesa y lo vio en un paf cantando una canción que narraba la historia de ellos dos y se volvieron a Bournemouth, ella en el autobús y él en moto. Se casaron y a los años nací yo ‒resumió la morena. 
‒ Vaya, una historia bastante interesante ‒sonreía de oreja a oreja sin poder evitar mirar los ojos acaramelados de April. 
‒ Sí, entretenida. Siento ser tan directa pero ¿para que has venido? ‒preguntó la hija mayor. 
‒ Ah si, se me olvidaba ‒se levantó y saco de su bolsillo el móvil turquesa de la joven ‒ Ayer se te olvidó en la playa, te avisé pero ya estabas lo suficiente lejos como para que me oyeras. 
‒ Oh, muchas gracias...Perdona, ¿como te llamas? ‒le preguntó la madre. 
‒ Niall, y ha sido todo un placer. Tuve que pararlo para así no sonaría y preocupar más a tu pareja, Darío ‒dijo Niall, diciendo esto último en un hilo de voz. 
‒ ¿Pareja? ‒ Se sorprendió April ‒ No, yo no tengo pareja, ya te lo dije ayer. Darío es solo un buen amigo, nada más ‒ Sonrió esta. 
‒ Oh, entonces bien, genial, quiero decir...Es bueno que te llame tu mejor amigo ‒intentó disimular Niall ‒ Se me está haciendo un poco tarde, lo siento. 
‒ No te preocupes muchacho, ya sabes donde vivimos así que para cualquier cosa, ya sabes donde estaremos. Pero no tardes mucho, que en unos días nos volvemos a Inglaterra ‒dijo Roberto. 
‒ Muchas gracias, señor ‒se estrecharon la mano. Luego le dio dos besos a la madre, dándole las gracias ambos por aquella maravillosa historia y finalmente le dio los dos besos a April. ‒ Una cosa, esta noche haremos una cena mis amigos y yo ¿os importaría si April viniera? 
‒ Oh, claro que no. Si ella quiere, adelante ‒respondió Roberto. 
‒ Entonces, ¿te apuntas? ‒miró a April, con una tímida sonrisa y esta accedió con la cabeza ‒ Guay, a las ocho pasaremos a recogerte.
Nada más decir eso, a Niall le vibró el móvil, era un sms de Liam preguntándole donde estaba así que se marcho corriendo. Cuando llegó a la casa alquilada no le dio tiempo a explicarle a sus compañeros donde había estado.
‒ Venga Niall, ya se han hecho todos las fotografías para la revista, ¡solo faltas tú! ‒informó Lou al irlandés.