‒ Eh, princesa ‒Susurró Zayn‒ ¿Te vas a ir ya?
‒ Ya es demasiado tarde no crees?
‒ ¿Y si no te dejo irte?
‒ Mmm, tendrás que impedírmelo.
April se dispuso a levantarse de la cama pero Zayn la cogió del brazo haciendo que volviera a caer en su cama.
‒ Mira que eres bobo, eh.
‒ Será que tú me haces ser bobo.
Cuando Zayn se inclinó para darle un beso, oyó como pronunciaban su nombre, volteó su cuello para ver si había alguien más en la habitación.
Nadie.
Notó como las manos de su amada acariciaban sus mejillas, volvió su cabeza hacia ella pero para su sorpresa ya no era ella, sino Louis.
‒ Eh, Zayn. ¡DESPIERTA, HOSTIAS! ‒le gritó Louis.
Zayn se había quedado dormido en el sofá, guay.
‒ ¿Con quién o qué soñabas? ‒le preguntó Harry.
‒ ¿Por qué lo preguntas?
‒ Porque has babeado toda la almohada.
∞
¿Era demasiado tarde para llamarla?
Quizás era demasiado pronto como para darle las buenas noches, puede que ya estuviera durmiendo a pesar de ser un 30 de diciembre por el mediodía, "no pierdo nada" se dijo a si mismo, así que, cogió su teléfono móvil, marcó el número apuntado en la servilleta y...
‒ ¿Sí? ‒se oyó en la otra línea.
‒ Hola, soy Bryan, ¿eres April?
‒ Ah, hola. Sí, soy yo ¿Qué tal?
‒ Bien, ¿Y tú? ‒que soso sonó esa respuesta‒ ¿Dónde estás? ‒Mierda, ahora sonaba como que la controlaba‒ Lo siento, no es cosa mía.
Se escuchó como April se reía.
‒ Estoy bien, y ahora estoy en el parque, haciendo fotos. ¿Y tú qué? ¿Echabas de menos mi voz?
‒ Sí, un poco ¿en que parque estás? Quizás podamos vernos y te hago una sesión de fotos.
‒ Estoy en el parque que tiene el puente ¿sabes cual es?
‒ Sí, en 5 minutos estoy ahí.
‒ Aquí te espero.
Y ambos colgaron.
"Te espero" Esa frase le encantó a Bryan, April le esperaría. Se miró en el espejo, tan solo te alborotó un poco su pelo y se dispuso a salir por la puerta.
Cuando dobló la esquina de su calle visualizó el parque y sobre todo a ella, a April. Esta se encontraba en medio del puente, haciéndose autofotos junto a una maravillosa sonrisa.
‒ Vamos, tu puedes ‒se animó a si mismo y se acercó a paso veloz.
Al llegar, April guardó su cámara de fotos y se acercó a Bryan, le recibió con un beso en la mejilla, al final habrá sido buena idea del llamarla al fin y al cabo.
‒ Bonita sudadera.
‒ Bonito peinado ¿damos un paseo?
‒ Claro, las damas primero.
Ambos pusieron rumbo hacia dentro del parque, los árboles eran grandes, y de ellos colgaban hilos de tonos claros, parecía como copos de nieve. El césped estaba húmedo, y aún se podía ver la nieve.
‒ ¿Estás bien? ‒le preguntó Bryan a April.
‒ Sí, claro ¿por qué lo dices?
‒ Tienes la mirada perdida ¿en qué piensas?
¿Era un zic zac de preguntas?
‒ En nada en especial, y tú?
‒ En lo bonito que esta hoy el parque...Oye, ¿te puedo hacer una pregunta algo personal?
‒ Adelante.
‒ El chico que estaba contigo cuando salí a la calle anoche ¿era tu pareja?
April aflojó su paso, sonrió y se aparto un poco sus mechones ondulados que acariciaban sus mejillas.
¿Niall ser su pareja? Más le gustaría a ella, pero no, no era así. Por unos instantes recordó de nuevo las fotografías que vio sobre Niall con otra chica, Amy creía recordar que se llamaba. Era guapísima, quizás esa fuese su nuevo amor.
∞
‒ ¿¡Por qué no me sale!? ‒gritó Celia‒ Incluso ese niño pequeño sabe montarse y yo no.
‒ Porque tú eres muy patosa ‒comentó Darío.
‒ Pobrecita, no te metas con ella. Ya verás como al final te saldrá, solo es práctica. No vas a enseñarte de la noche a la mañana.
‒ No, solo de un siglo a otro.
Celia y Gabriela le miraron mal.
El trío se encontraba como siempre en la pista de skate, intentado que Cell aprendiera al menos a ir en línea recta, pero era misión imposible.
‒ Lo siento, pero Darío y yo nos tenemos que ir, tenemos que recoger a los peques.
‒ ¿Podrás quedarte aquí, o te matarás?
Celia le tiró un paquete de pañuelos a la cara.
Se hizo un moño, se colocó bien los jeans y se dispuso a volver a intentarlo.
‒ Vamos, tu puedes ‒se susurró.
Cerró los ojos, y montó en la tabla que le había prestado April, se abalanzó hacia delante y noto como sus pies temblorosos se mantenían. Alzó los brazos para mantener el equilibrio y al sentir que iba parando volvió a arrastrar el pie.
Abrió los ojos, pues no se creía que lo estaba consiguiendo. Pero tuvo la mala suerte de abrirlos cuando vio que su tabla iba en dirección a un joven y no podía hacer nada para pararlo.
‒ ¡Quítate! ‒grito ella.
Ni caso.
El chico no la pudo escuchar ya que llevaba los cascos puestos, hasta que el visualizo la sombra de Cell, pero era demasiado tarde.
‒ Lo siento ‒dijo este, parando la tabla con el pie y quitándose un auricular.
Celia había saltado de la tabla, pero esta siguió su camino hasta llegar a los pies del joven. Cuando se digirió avergonzada y cabizbaja a pedirle disculpas pudo ver de quien se trataba.
‒ ¡Madre mía, eres tu! ‒gritó ella.
‒ Soy yo ‒sonrió él.
‒ Pero...tu...aquí...¿por qué?
‒ Un descanso nunca viene mal.
El chico se agachó para recoger la tabla y pudo leer el nombre que ponía debajo de esta.
‒ ¿Te llamas April?
‒ No, es de una amiga mía.
‒ ¿Y tu nombre cual es?
‒ Celia
‒ El mio supongo que ya lo sabes.
Celia asintió con una sonrisa y no pudo aguantar las ganas de abrazarlo.
‒ Lo siento, es que he estado esperando este momento y jamás creí que pudiera verte y...
‒ Shh, no te preocupes.
∞
Ya era por la noche y todos volvieron a sus casas.
April había pasado la tarde junto a Bryan haciéndose fotografías y charlando sobre sus vidas. Celia aprendió por fin a montarse en la tabla de skate sin caerse gracias a Louis, al final se dieron sus teléfonos móviles y Cell prometió no comentarle nada a April, ya que ninguno, salvo Niall había visto ya a April, y está no dijo nada a sus amigas sobre lo ocurrido la velada anterior. Gabriela, por su parte, acompaño a Darío a recoger a su hermano pequeño y después este le acompañó a Gaby a las clases de baile.
Mañana sería 31 de diciembre, fin de año. Y en la casa de One Direction de momento todo era normal, Eleanor y Harry fueron a comprar las bebidas para la noche siguiente. Niall y Zayn prefirieron quedarse en casa, alejándose del frio, pero Liam en cambio, salió a dar un paseo por la zona.
Por Bournemouth no había tanta gente en invierno a causa de las nevadas y del frió, la mayoría de las personas se encontraban en sus casas, así que, eso fue un punto a favor para ellos, así no tendrían que ocultarse tanto tiempo en casa.
‒ Chicos, ¿qué queréis para cenar? ‒preguntó Eleanor desde la cocina, ninguno respondió, así que salió de la cocina y alzó la voz‒ ¿¡Qué queréis para cenar!?
‒ ¡No nos mates! ‒Se alteró Harry, levantándose del sofá y refugiándose en los brazos de Louis.
‒ ¡HARRY ME OBLIGÓ A HACERLO, YO NO QUERÍA! ‒gritó Louis esta vez.
‒ ¿Qué? ‒preguntó confusa.
‒ Eleanor, ¿qué haces con un cuchillo en la mano? ‒preguntó Niall.
‒ Estoy pelando patatas, si quieres las corto con una cuchara.
‒ ¡NO! ‒gritó Liam desde la segunda planta.
‒ No hay remedio con vosotros, eh ‒suspiró Eleanor, echaba de menos tener a otra chica en casa.
∞
31 por la mañana.
De momento en casa de Gabriela era la misma rutina de siempre. Se levantó más pronto que sus abuelos y preparó el desayuno, cuando por fin estaba todo en la mesa fue a despertarlos.
‒ Eh, abuela ‒susurró Gabriela mientras ponía su mano en el brazo de está, moviéndola con suavidad.
‒ Mmm, ¿ya estas despierta, osita?
Osita, así la apodaban sus abuelos desde que era pequeña.
‒ Sí, os he preparado el desayuno.
Gabriela ayudó a su abuela a levantarse, y después repitió el mismo despertar con su abuelo. Cuando ya estaban los dos despiertos, bajaron a tomar el desayuno junto a su única nieta.
∞
‒ ¡He perdido mi gorra! ‒gritó Sergio desde su habitación.
‒ Pregúntale a tu hermano donde esta ‒respondió la madre.
Sergio entró en la habitación de su hermano mayor y se tiró encima de el.
‒ Darío, ¿y mi gorra?
‒ En la basura ‒respondió remolón.
‒ ¿En serio? Mamaaá, me la ha tirado a la basura ‒gritó el niño, empujando a su hermano.
‒ Que manera de despertarme. Tu gorra está en el salón, o ahí es donde la vi yo ayer.
Cuando bajó abajo tuvo que soportar la riña de su madre.
‒ Mamá, la gorra la dejó en la mesa.
El hermano mayor entró en la cocina para preparase su típica leche con colacao. Cuando terminó, volvió a su habitación pero antes pasó por donde se encontraba su madre.
‒ Por cierto, muchas gracias por los cumplidos de que soy un desastre y que en esta casa no hago nada, son muy reconfortantes ‒Dijo Darío al pasar por la puerta del despacho, y cuando su madre iba a abrir la boca este cerró la puerta, dejándola hacer su trabajo.
∞
‒ Mamá, quiero ser gogo ‒dijo Anaís, esto provocó que el padre se atragantara con la tostada, que a la madre se le cayera el café de la taza y que April se riera.
‒ ¿Y eso a que viene ahora?
‒ ¿Por qué quieres ser eso? ‒preguntó con voz preocupada el padre.
‒ Pues que he oído por teléfono como Gabriela le decía a April que tendría que ser gogo, y yo quiero ser como mi hermana ‒la mirada preocupada de los padres fue directa a April que se encontraba leyendo una revista de moda y con un pie en la silla.
‒ ¿Qué es eso de que Gabriela te ha dicho que tendrías que ser gogo? ‒le preguntó su madre, quitándole la revista.
‒ Anaís, no me tomes como un modelo a seguir.
‒ Responde a tu madre.
April bufó, ¿por qué tenía que dar explicaciones? Tenía ya 18 años, supuestamente ya era mayor de edad, pero sus padres eso no lo veían, parecía que para ellos no había crecido y aún era su pequeña princesa.
‒ Solo ha sido una sugerencia, nada más.
‒ ¿Y lo vas a ser?
‒ ¿Y por qué no?
‒ Eres muy joven para hacer ese trabajo, los hombres se aprovecharían de ti.
‒ Solo te querrán por los pechos, y tu eres más que un cuerpo bonito.
Ninguno de esos razones le valían.
‒ ¿Y por que sí? ‒preguntó ahora el padre.
‒ Pagan bien, tendría mi propio dinero.
Nadie dijo nada.
April era muy cabezota y cuando algo se le metía en la cabeza no había quien le sacará eso de la cabeza. Cuando terminó de desayunar se levantó, dejó su vaso de Bob Esponja en la encimera y salió de la cocina, pero antes...
‒ Y que os quede claro una cosa, mi cuerpo no será expuesto para unos salidos ‒Dijo orgullosa April, mientras movía su cuerpo con movimientos sin sentido, esto provocó la risa de su hermana y sobre todo la de sus padres.
Menos mal que aún no había cambiado de carácter.




