~ En algún lugar de Inglaterra ~
“Estoy listo, soy fuerte” se dijo Darío a si mismo y entró en aquella tienda.
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Celia aún no se había rendido, quería aprender sí o sí ha hacer skateboard, así que cogió la tabla que le prestó April y se fue a la pista, seguramente su amiga ya estuviera allí.
‒ ¿Aún no te has rendido? –Preguntó Gabriela.
No se confundió, Gaby siempre iba a la pista de skateboard, no hay día en el que no haya ido.
‒ No, y no pienso rendirme tan fácilmente –Afirmó orgullosa Celia.
Gabriela sonrió ante su comentario y accedió a ayudar a su amiga.
‒ Empezaremos por lo más básico –Dijo Gabriela colocándose detrás de Cell y señaló alguna parte del parque‒ ¿Ves aquella farola? Pues ve ahí en línea recta.
‒ Bien –Dijo esta subiéndose en la tabla y empezó a arrastrar su pie.
Lo consiguió. Llego a la farola sin perder el equilibrio. Celia no se lo podía creer, poco a poco iba consiguiéndolo así que volvió confiada patinando hasta donde se encontraba su amiga dando saltos, pero esta vez no tuvo la misma suerte y se cayó de espaldas. Gaby, al igual que Cell no dejaban de reírse.
‒ Será mejor que lo dejemos para hoy ‒Dijo Celia al fin.
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Darío estaba feliz, más de lo normal aunque aún le doliese la cintura, pero al fin tenía lo que deseaba desde hace a penas 4 años. Sacó las llaves de su bolsillo y entró en casa.
‒ Ey, enano ¿Ha llamado la mamá? –Preguntó Darío a su hermano.
‒ Sí, dice que a la hora de comer vendrá ‒Contestó Sergio, el hermano pequeño.
Sergio y Darío tenían tan solo dos años de diferencia, por esa razón se llevaban tan bien. Nunca se habían peleado seriamente, al contrario, entre ellos se cuidaban y se tapaban ante los problemas.
‒ ¿Ya lo tienes? –Preguntó Sergio apartando la vista de su PSP.
‒ Aja –Una sonrisa de oreja a oreja de dibujó en la boca de Darío.
‒ ¿Puedo verlo?
‒ Aún no, esta tapado en vendas.
A los segundos, Ashley apareció por la puerta con un par de bolsas,
‒ Hola, cielos –Saludó con una sonrisa.
La madre dejo la carga en la cocina y fue a saludar a ambos. A Darío como de normal le revolvió el pelo y a Sergio le cogió de los mofletes. Ashley tenía 17 años cuando se quedo embarazada de Darío, a su novio por aquel entonces le costó asimilar la noticia, pero cuando tuvieron a Sergio el padre los abandono.
‒ ¿Ya lo tienes? –Preguntó la madre, subiéndole la camiseta.
‒ Sí, pero me tengo que proteger del sol y ponerme esta crema –Dijo el mayor, sacando de su bandolera una crema especial para tatuajes.
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Celia se encontraba en la cama escuchando música mientras Gabriela buscaba unos shorts de color verde en su armario. No dejaba de remover las cosas hasta que entró Elliot, su abuelo.
‒ Cielo, ¿No te das cuenta del desastre que estas haciendo? –Preguntó recogiendo algunas camisetas del suelo.
‒ Aaaams…Es que no encuentro una cosa.
‒ Y con este desastre te será más difícil encontrarlo.
‒ No he dicho nada –Dijo Celia pasando su mano derecha por su boca y imitó a una cremallera.
‒ Eso esta mejor –Sonrió Gaby y se dirigió a su abuelo, cogiéndole sus camisetas– Abu, no te preocupes que lo recogeré después, antes de comer.
Y dicho esto, Elliot salió de la habitación.
‒ ¿Vas a llamarle?
‒ No lo se…
‒ ¿Y que te impide hacerlo?
Celia cogió su teléfono móvil y le llamó.